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Uno
de los errores más frecuentes cometidos al hablar de la conducta
de los perros, del que ni los cinólogos escapan, es el empleo
de términos que corresponden a otros ámbitos y cuya
significación no puede trasladarse a la ethografía
canina. Así, comúnmente, se utiliza la antigua clasificación
de Hipócrates definiendo "(perros de) carácter
excitable, tranquilo, agresivo o temeroso", o el uso del vocablo
"temperamento" para significar agresividad o confundir
guardia con defensa, etc. En la cinofilia moderna, los estudios
han precisado muy bien la terminología correcta e, independientemente
del autor o técnico, precisando sin ambigüedades, se
facilita la comprensión del comportamiento canino.
En
las relaciones que el perro tiene con el ambiente -ocupado por él,
y consiguientemente, con otros animales y el hombre, tanto formando
parte del grupo socioexpresivo o extraño a éste- se
evidencian, de modo notorio, diez comportamientosnaturales: la docilidad,
la sociabilidad, la curiosidad, la vigilancia, el temperamento,
el temple, la posesividad, la combatividad, la agresividad y el
coraje.
Cualquiera
de estos comportamientos exteriorizados pueden ser más o
menos acentuados según la raza de pertenencia, potenciándose
entre sí o contraponiéndose (y hasta anulándose),
formando una carta de identidad de sus aptitudes naturales y propias.
...Aptitudes
y facultades a tener en cuenta en cualquier instrucción,
pues -como bien dice el ethólogo Enrique Lerena de la Serna-
"la educación no puede modificar los fundamentos innatos
del carácter" y, por lo tanto, el adiestramiento para
ciertas funciones resulta desaconsejable en razas cuya memoria genética
no las predispone o, aun existiendo concordancia conductal, carecen
de las debidas posibilidades morfológicas (tamaño
insuficiente; particularidades corporales que las impiden desempeñarse
sin mayores riesgos; poca adaptación climática; etc.),
en suma no recomendables profesionalmente.
Aunque
la instrucción específica quizá demande un
plus de alguna de estas facultades e, inversamente, exija un mínimo
en otras de las aquí mencionadas, los comportamientos básicos
del can adiestrable son las que siguen:
Docilidad.
Refiere a la facilidad del especimen canino para aceptar al hombre
como su superior jerárquico. Evocamos el rol en la jauría,
no la condición de esclavo temeroso y sumiso. Por perro dócil
se entiende a quien acepta al humano en el rango de guía
equivalente al líder de las agrupaciones caninas salvajes.
La docilidad, pues, no será confundida con timidez ni miedo
al castigo; parte de la confianza, de la entrega natural y beneficiosa
a un mismo proyecto de porvenir, no anula la índole sino
que la amplía.
Sociabilidad. El perro, animal gregario, sólo se expresa
en complitud integrado a comunidades; de ahí, un ejemplar
sociable gana en lo personal y conforme al designio de su género
zoológico. De este modo, insertarse con naturalidad dentro
del ámbito propicio, comunicarse sin excitación o
impaciencia extrema es inherente al impulso genético de domesticidad
distinguible de la actitud de su primo el lobo. La falta de sociabilidad
se manifiesta con temor, ansiedad e inquietud. Sociabilidad y docilidad
son dos comportamientos de base que se declaran en el cachorro ya
al segundo mes de vida, y autores como Daniel Tortora dividen dicha
capacidad sociable en: para con la familia, hacia los niños
y respecto a extraños de la casa; Humel agrega la disposición
para con otros congéneres y la sociabilidad con distintas
especies (gatos, aves, equinos, vacunos, etc.).
Temperamento. Esta definición contempla la intensidad y velocidad
de respuesta ante los estímulos externos de cualquier naturaleza.
No se debe aplicar el término como sinónimo de carácter
y mucho menos de agresividad. Tal como sucede con la sociabilidad
y la docilidad, la instrucción canina permite acrecentar
el temperamento de los especímenes adiestrados.
Curiosidad. Hay un axioma comprobable: No ve ni entiende el mundo
aquel que no sea curioso, quien no tenga sed de indagar, buscar
y conocer (Condición previa a todo aprendizaje). También
en el perro lo que llamamos curiosidad se denuncia en el deseo,
el placer y la facultad de interesarse -naturalmente- hacia todo
lo circundante y fundado en la aptitud de explorar territorios y
descubrir entornos, problemáticas y resoluciones nuevas,
imprevistos, acrecentando la conducta instintiva con el imprinting
o troquelado -al decir de los ethólogos- y que definen al
comportamiento adquirido, donde la curiosidad juega un papel muy
importante. La presencia de esta cualidad -en mi opinión-
es primordial para el éxito de todo adiestramiento.
Vigilancia. Representa la particularidad sensitiva del perro para
advertir algo anormal y, por ende, acaso peligroso, amenaza hacia
él como individuo y/o como integrante de jauría (que
encuentra equivalente en la familia humana). A veces, asociada a
la gran sensibilidad olfativa y auditiva de los caninos, la aptitud
vigilante conformando un sexto sentido le permite preadvertir gravísimos
eventos naturales -aludes, terremotos, inundaciones, incendios,
tormentas- y resolver por anticipado la guarda del grupo (congéneres,
personas o animales a su cuidado).
Temple. En el campo de la conducta canina, el temple describe la
capacidad de resistencia a una acción o factor externo desagradable
o agresivo. Es condición indispensable para la guardia.
Coraje. La palabra "coraje" sintetiza una convergencia
de impulsos para enfrentar positivamente situaciones riesgosas conocidas
o no que pudiesen afectar la integridad física del individuo
o de su grupo comunitario. Esta disposición de lucha surge
como respuesta directamente proporcional a la sociabilidad y al
temperamento de cada quien, sin contraponerse a la docilidad. El
coraje opone al sentimiento de fuga instintivo personalista-
aún a costa del sacrificio personal y, por añadidura,
la defensa del conjunto (de la jauría, de la familia) lo
exime del miedo y consideraciones individuales.
Agresividad. En los perros, nos interesa como reaccionan física
y activamente pero de modo proporcionado y sin exageración-
ante el supuesto peligro (Amenaza territorial, de sus congéneres,
de él mismo o de los seres a su cuidado, cualquiera fuese
el género). La agresión siempre obedecerá a
un motivo provida. En los caninos salvajes este comportamiento es
primordial para obtener alimento y, consecuentemente, se relaciona
con el instinto predatorio y la supervivencia del más apto.
Posesividad. Dícese de un perro que es posesivo cuando, naturalmente,
está predispuesto a convertirse dueño de cualquier
cosa o alguien. Deriva por sublimación- del comportamiento
predatorio de los canes silvestres (no domésticos y cimarrones).
El apropiarse de seres u objetos se manifiesta como expresión
de competitividad y afirmativa del espacio aprehendido.
Combatividad. El concepto alude a la capacidad de luchar con vigor
contra un estímulo exterior negativo ni bien este se manifiesta.
Verdadero "resorte" emocional, la combatividad ha de expresarse
con una firme actitud de lucha que, en algunos casos, compone figuras
de riña (Esquemas ritualizados de combate) y, de desencadenarse
la agresión abierta, se distingue de otras formas de pugna
porque utiliza las señales atávicas de la especie
(posición de cola, orejas, pelo erizado en la cruz, etc.).
Autores como Enzo Vezzoli sostienen que de manera frecuente la combatividad
se asocia e inclusive se origina en la posesividad.
Las constantes de conducta consecuentes a cada grupo canino diferenciado
en raza, según observaciones comparativas de numerosos ejemplares,
permite trazar un mapa caracterial donde clasificamos los comportamientos
normales, comunes a la facción.
La
evaluación indica valores medios, advirtiéndose que
cada raza se destaca en algún aspecto y cualidad, conforme
a la presión selectiva, ambiental y humana. Otras variaciones
pueden ser reveladas a nivel individual y como consecuencia de la
influencia genética de sus ascendientes, del troquelado y
por obra del ambiente en el cual maduró. Dicho índice
puntualiza del 2 al 5, sin contemplarse el valor 1, puesto que a
este nivel un comportamiento se considera ausente o casi y denuncia
una grave desventaja psicológica genética.
El
siguiente cuadro no comprende la totalidad de las razas, sino las
más difundidas, y se completa con el seguimiento en dos tipos
de lobos (estudio de la ethóloga Wanda Altman) que hace a
una mejor comprensión de la conducta del can domesticado.
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