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MENSAJE: Os adjunto una carta que he encontrado en http://www.elrefugio.org Milagro:Carta a nuestro Milagro de Marisa del Río (Febrero 2001) Mi querido Milagro, no te inquietes, tú no eres el único al que han abandonado. Sois tantos y tantas las veces que os vemos vagabundos por nuestras calles. Hoy, hablando de vuestra suerte, una mujer ya muy anciana me dijo: "¡ay hija!, Lo peor es el final%u2026". No hay mayor verdad. Es la historia de siempre, contada ya con otros actores, pero con

 
Fecha: 03 de Marzo 2001
 

MENSAJE:

Os adjunto una carta que he encontrado en http://www.elrefugio.org
Milagro:Carta a nuestro Milagro de Marisa del Río (Febrero 2001)

Mi querido Milagro, no te inquietes, tú no eres el único al que han abandonado. Sois tantos y tantas las veces que os vemos vagabundos por nuestras calles. Hoy, hablando de vuestra suerte, una mujer ya muy anciana me dijo: "¡ay hija!, Lo peor es el final%u2026". No hay mayor verdad.
Es la historia de siempre, contada ya con otros actores, pero con el mismo guión, el mismo escenario. Cuando os abandonan, sólo una gran dosis de suerte puede cambiar el desenlace y evitar una muerte casi segura. Pero sólo un milagro podría hacer sobrevivir a un can atropellado y herido de muerte durante tres largos días. Por eso mi perro valiente porque conseguiste un imposible, te hemos llamado Milagro, nuestro Milagro.

¡Qué fácil le debió resultar a tu dueño! Una carretera, una puerta que se abre. Tu obediente saltas a la calzada a una orden suya, y él, libre ya de ti, escapa a toda velocidad. Acelera hasta perderte de vista. Marcha incluso convencido de ser "una buena persona". Deberías darle las gracias, te acaba de otorgar una segunda oportunidad, una segunda existencia.

Vagarías desorientado, siguiendo el rastro en el asfalto por donde marchó tu dueño. Ya exhausto, en la subida al puerto de los Leones, detrás de una curva, te aguardaba tu "segunda oportunidad". Primero quizás se escucharía un frenazo, luego un golpe y otro y otro. El que te arrolló tampoco se detuvo. Tras su marcha tus gemidos, tras tus lamentos nada, todo queda en silencio. Silencio y dolor, intenso dolor.
¡Ay Milagro, lo peor es el final! Naufragio, todo fue naufragio. Hundido por el desamor del que fue tu dueño, naufragaste sin merecer la compasión de quién te atropelló, anegado sin esperanzas cuando nadie te socorrió. Durante tres infinitos días tu cuerpo inmóvil en la cuenta, no atrajo hacia sí la atención de los que por allí pasaban. Eras un muñeco roto en una isla olvidada. Invisible para todos aquéllos con cuyos ardientes neumáticos casi te rozaban al pasar. Pero tú no abandonaste, con un coraje infinito, luchabas contra la muerte. No te ahogó el dolor, ni las serranas heladas de las noches de enero, ni la nieve que calló aquellos días y que punzaba en tus heridas. Solo en tu solitaria batalla pujabas por vivir.
¡Mi soldado valiente! Sólo Vera y Mercedes alcanzaron a verte en ese afortunado tercer día. Ahí estabas, inmóvil y roto, tan cerca y tan lejos. Tan cerca que era imposible ignorarte, tan lejos que nadie antes te vio. Así encontramos tu cuerpo doliente y atigrado, tu alma de tigre. Desnutrido y deshidratado, con tu cabeza partida, tus extremidades paralizadas, hechas trizas.


¿Cómo podíamos pagarte tanto coraje? Vera es vuestra cuidadora, y ella te llevó a nuestro refugio. No faltó quién indujese a sacrificar en un segundo tus esperanzas. Pero tú ya sabes que el refugio no te hará naufragar nuevamente. Nos bastó un solo diagnóstico favorable. Nos bastó mirar tus ojos. Cómo miráis cuando tras vuestra áspera vida, encontráis una caricia amiga. Cómo describir esos tristes, implorantes pozos de dulzura infinita. Esa mirada cruzada de tantos intensos sentimientos. Sólo por eso, sólo por "tanto", los que voluntariamente dejamos de lado el sueño, la diversión y el ocio fácil ayudando a el refugio, damos por bien pagado nuestro esfuerzo.

Y sobre todo Milagro quiero que sepas, que desde que te conozco ya nada es igual. Ya no hay para mí cuerpos invisibles en las cunetas.

Aquí recibiendo los cuidado de su médico

Me río también en amarga mueca de las segundas oportunidades de la buena gente, que un día te abandonan a ti y mañana dejan al abuelo tirado en las urgencias de un hospital, para irse a la playa. Hoy en día todo lo que se puede comprar, se puede tirar. Una vez aburridos de la novedad, basta cualquier excusa y tiramos las complicaciones a la basura. No te extrañes pues del trato que os damos a vosotros lo perros. Usar y tirar. A ti también te usaron y te tiraron. Pero ya jamás volverán a hacerte daño. Con José Manuel y Manuel, tus veterinarios, has recorrido la parte más dura del camino. Curas, operaciones y medicación, han quedado atrás. Gracias a ellos vuelves a ser un atigrado chucho guapo, noble, alegre y juguetón. Tu gratitud se transforma en incondicional devoción. Nos has inundado con tu afecto, con tus húmedos lametones y tus gruñidos de amor. Nos encanta ver cómo nos exiges tu comida y tu paseo ladrando como un pequeño tirano. Tu provocadora cola, no deja de menear manifestando tu intensa felicidad. Ahora mi dulce Milagro has recuperado tu destino.

Ya sólo nos queda un deseo por cumplir: ¡verte correr! Tú no corres, porque tu cadera te duele. Y a medida que "mal-cicatriza", el dolor se vuelve más y más intenso. Por eso y aunque tú no lo sabes, te queda una última escaramuza en el quirófano.
¡Mi noble y valiente Milagro! Has calado muy hondo en nuestros corazones. Tu heroica hazaña anidará para siempre en la historia de nuestro refugio. Buscaremos ahora para ti el mejor dueño. Un dueño al que no le importe un perro algo cojo y lleno de cicatrices, un dueño que sepa perderse en tus ojos infinitos. De otros serán entonces las caricias, caricias de tu nueva familia que sanarán tus otras heridas. Caricias que llegaran como la primavera sobre un cerezo invernal, y no habrá mayor regalo entonces, que el de ver florecer tu herida alma de náufrago.