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| IDITAROD: LA ULTIMA GRAN CARRERA SOBRE LA TIERRA: (ver índice) |
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El recuerdo de la hazaña solidaria que salvó a Nome (Alaska) de una epidemia de difteria es el origen de esta mítica prueba de perros de trineo. Aventureros y canes afrontan 1.850 kilómetros de extrema dureza sobre el hielo. Una experiencia única que, para los mejores, dura 10 días. Otros no llegan nunca.
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| Fecha: 01 de Marzo 2003 |
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El recuerdo de la hazaña solidaria que salvó a Nome (Alaska) de una epidemia de difteria es el origen de esta mítica prueba de perros de trineo. Aventureros y canes afrontan 1.850 kilómetros de extrema dureza sobre el hielo. Una experiencia única que, para los mejores, dura 10 días. Otros no llegan nunca.

Txt: Javier Ortega (Guionista del programa de TVE 'Al filo de lo imposible') |
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El 21 de enero de 1925, el doctor William Henry Welch enviaba desde Nome, Alaska, un telegrama angustioso con el anuncio del brote de una epidemia de difteria que amenazaba la vida de los niños del pueblo. Las 300.000 dosis de vacunas disponibles en Alaska se encontraban en Anchorage, a más de 1.800 kilómetros de distancia. En pleno invierno, parecía imposible hacer llegar esas dosis hasta un pueblo perdido a orilla del estrecho de Bering, y casi fronterizo con el Círculo Polar Ártico. Pero, rápidamente, se organizó una expedición de salvamento y se optó por recurrir a los trineos tirados por perros como la única opción de llegar hasta Nome, y de hacerlo a tiempo.
El martes 27 de Enero, Wild Bill Shannon salía de Anchorage con las vacunas, restallando el látigo. |
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Le acompañaban 20 mushers (palabra derivada del francés marche, orden con la que los exploradores francófonos hacían avanzar a sus perros en los primeros tiempos de la exploración europea del Gran Norte), que participaron en los relevos de tiros. Éstos duraban entre 15 y 30 kilómetros, salvo el guiado por Leonard Sépala. El musher Sépala prolongó su relevo más de 400 kilómetros en medio de una inclemente ventisca, con temperaturas por debajo de 30 grados bajo cero, mientras Togo, su perro líder, trataba de encontrar el camino en la oscuridad sobre un hielo inestable y traicionero. El último tiro entró en Nome guiado por Gunnar Kassen y Balto, su perro líder, a las cinco y media de la madrugada del 2 de febrero de 1925: los niños de Nome estaban salvados.
En reconocimiento a esa gesta, y como homenaje a Balto, y a un centenar de perros valientes como él, fue inmortalizado en una estatua, en Central Park, Nueva York. Es una historia de una aventura que aún sigue viva |
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